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Qué lleva a un hombre a decidir terminar con la vida de su hijo

Por Abraham Zacarías Farah

Yo maté a mi hijo no nacido. Según las regulaciones legales ni siquiera soy culpable, porque no hay ley que condene el asesinato de inocentes no nacidos. Hay que sumarle también que el miedo de su madre la llevó a decidir matarlo y no acusarme a mí de consentir en hacerlo. A mí, mi vergüenza me hizó ocultarlo a mis padres y hermanos. Muchos años después me enfrenté a un problema inaudito y más grave de lo que pensaba. Ese bebé que yo había consentido en asesinar, a los ojos de Dios sí había nacido. «No estaba oculto de Ti mi cuerpo, Cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, Y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos» (Sal. 139:15-16).

En el vientre de su madre, a los ojos de Dios, ese bebé estaba tan vivo como cualquier otro niño. La decisión que lleva a un hombre a terminar con la vida de su hijo en el vientre lo ciega para ver otras posibilidades. Cuando un padre tiene una opción diferente a dejar nacer a su hijo, es porque hay un camino de tinieblas que fue recorrido tiempo antes y que le permitió consentir en el asesinato de su hijo en el vientre. Dicho de otra manera, los hombres que decidimos por el aborto tenemos un camino de pecado recorrido que cauterizó nuestra conciencia.

El hombre que es llevado por Dios a reconocer su necesidad de un Salvador y acepta creer en Jesucristo como su Señor en arrepentimiento y fe, es salvo en automático de la condenación de cualquier pecado, incluido el aborto. Es entonces cuando comienza la restauración y la santificación guiada en amor por el Espíritu Santo que le va revelando a Cristo y haciéndolo cada vez más a su imagen. Este proceso es relevante porque permite que el pecado cometido sea expuesto delante del Señor que, aunque no lo desconoce, trabaja para que el hombre identifique su maldad y lo sana y restaura para hacer las obras buenas que Dios preparó de antemano para que ande en ellas. El varón que ha sido restaurado de un pecado como el aborto entra en una relación cada vez mas intima con el Señor y renueva su mente y sus relaciones en su familia, su matrimonio, con sus hijos, en la iglesia local y en la sociedad.

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